Artículo opinión
Nota: Este artículo no es una reseña literaria, pero sí se cita y se hacen referencias al libro de Marina que sienta argumentos sólidos sobre la información de la que se opina
"El hombre es un lobo para el hombre" dijo el filósofo inglés Hobbes (1588-1679) y el "el hombre es sagrado para el hombre" dijo mucho antes Séneca.
Hay quien creerá lo primero y quien creerá lo segundo y quien creerá posiciones intermedias. Pero está claro que lo primero nos perjudica a todos/as y lo segundo... Pues a lo mejor también, porque endiosar a las personas, venerarlas, tratarlas como "intocables" o con más derechos que los demás, ni en primera instancia ni tampoco haciendo una mirada retrospectiva resulta muy beneficioso para el bien común: aquellos reyes nombrados por "orden divina", las guerras santas, la Inquisición...
En el libro que se mencionaba en la entrada anterior, Historia universal de las soluciones (2024), del filósofo español José Antonio Marina (Toledo, 1939), se trata información muy relevante para profundizar un poco en el tema. Uno de sus capítulos está dedicado al poder, a su titularidad y a sus límites: "La mejor manera de proteger a la ciudadanía de los excesos de poder es reconocerle a cada persona el mismo derecho a participar en él" (Marina, 2024). Asimismo, tras una indagación y exposición de hechos y sucesos históricos, concluye que "la democracia obtiene la máxima puntuación en la ergometría (hacer un esfuerzo en este caso investigativo, heurístico) de las soluciones". Además, expone que se ha visto que las normas son muy necesarias y que los países democráticos han encontrado formas de resolver los enfrentamientos y los abusos de poder mediante mecanismos como la creación del Estado de derecho, la división de poderes (Montesquieu: Francia, 1689-1755), a través de la creación de sistemas jurídicos, de la policía y los establecimientos penitenciarios, etc (p.168).
También, en su obra indaga con esmero si los derechos son colectivos o individuales, si son universales o culturales, si hay un derecho natural (inviolable, que ninguna ley puede negar) además del positivo (leyes consensuadas y aprobadas), la importancia de los derechos humanos como limitación del poder del Estado-aunque menciona que algunas culturas han criticado la Declaración de Derechos Humanos-...
En otras de sus páginas, trata la guerra como una pésima solución que a lo largo de la historia se ha repetido y se sigue repitiendo con pérdidas humanas irrecuperables. Y deja claro que quienes la motivan de forma coaccionada o a través de cualquier otro medio son individuos con un afán inmenso de poder, no un ente abstracto... "Decir que es un mal inevitable me parece un ejemplo de pensamiento perezoso", apunta el autor.
Y así, se siguen matando personas, niños y niñas, ignorando el código genético que sí es universal y natural y sin saber que, como dice Otín, "debajo de la piel todos somos africanos" -y esta esencia que nos iguala es compatible con normas que regulen los movimientos migratorios-. Decía por su parte la escritora Gloria Fuertes (Madrid: 1917-1998) que "un niño con un libro de poesía entre las manos, nunca tendrá de mayor un arma entre ellas". Sin embargo, hay quien les da armas y no libros ni educación. Y por supuesto, hay quien una vez en el poder les da muy poco ejemplo. Se alude a la educación como un mecanismo importante para el desarrollo de personas y sociedades, pero mientras tanto, señores con corbata salen en los medios continuamente declarando la guerra y llevándose vidas por delante a costa de poner en peligro al mismo tiempo las de otros.
Cuando una persona sin recursos mata a otra, generalmente termina en la cárcel. Cuando se mata a gran escala en una guerra, se intenta negociar a ver quién saca más cacho de la tarta: ¿Cuál es la recompensa, más yacimientos, más (abuso de) poder, más dinero, más tierra (llena de destrucción y cuerpos sin vida), más adrenalina?
Decía Ortega en La rebelión de las masas (1930, citado por Marina, 2024) que "la guerra no es un instinto, sino un invento. Los animales la desconocen y es pura institución humana, como la ciencia o la administración". Un muy mal invento.
Pues siguiendo con muchas de las soluciones que propone el filósofo español en su libro, a ver en qué siglo somos capaces de inventar una justicia a escala internacional vinculante que ponga freno a quienes una vez en el poder son capaces de acabar con la vida de cualquiera. Ese sí será un bendito y sagrado invento para el hombre, para la mujer y para los niños/as.