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Unas pinceladas de filosofía (reseña)

 Breve reseña literaria


   "Toda metáfora es, por tanto, una mudanza..." Las primeras páginas del libro Metáfora (2024) del filósofo español Pedro Alcalde (Barcelona, 1959) y el filósofo Merlín Alcalde, se detienen a analizar precisamente el concepto que le da título. A continuación, un original índice se dispone en un juego de símbolos (círculos, líneas...), conceptos metafóricos que los acompañan y nombres de los filósofos a los que se les atribuyen. Un total de veinticuatro metáforas ordenadas cronológicamente que además, pueden situarse visualmente en la línea del tiempo que los autores incorporan al final del libro.


Nota:
Apenas se ha encontrado información sobre Merlín Alcalde,
de ahí el desequilibrio informativo en este destacado


     Siguiendo un método inductivo (partiendo de ideas particulares para ir hacia un razonamiento más general), se presentan metáforas como el río "siempre cambiante" del filósofo griego Heráclito (s.VI-V a.C.) o el mar del filósofo alemán Nietzsche (1844-1900) que invita a sumergirse en nuevos conceptos y a descubrir otros puntos de vista. Y aunque no existe metáfora alguna de Sócrates, tan reconocido en el mundo de la filosofía-lógico por otra parte por haber sido ágrafo, es decir, que no ha dejado escritos-, sí se le cita como una figura que marcó un antes y un después en la historia de la filosofía griega.

    Según se avanza en la lectura, el lector/a puede conocer que se recogen tanto pensamientos filosóficos de origen oriental como occidental: taoísmo, estoicismo romano, humanismo, existencialismo, marxismo, entre otros. Y de los veinticuatro nombres que aparecen, teniendo en cuenta eso sí, la escasa presencia de la mujer a lo largo de la historia en la filosofía y otras disciplinas, solamente hay dos filósofas con sus respectivas metáforas. Ambas pertenecen ya al s.XX, la alemana Arendt (1906-1975) y la estadounidense Butler (1956).

    Pero además, el libro presenta cada una de las cuatro metáforas asociadas a una imagen realizada por Guim Tió (Barcelona, 1987), quien estudió Bellas Artes en la Universidad de Barcelona y ha expuesto sus obras dentro y fuera de España. Imágenes que reflejan las metáforas con grandes manchas de color, empleando para ello pasajes y parajes de la naturaleza donde discurren acciones cotidianas que encierran una gran expresividad, a veces incorporando también la figura humana. En su Instagram se puede apreciar un amplio abanico de algunas de sus obras.

Imagen bajo licencia CCO-BY-SA
Por Guim #Tió en Flickr (7/02/19).Recuperada de:https://www.flickr.com/photos/milo3oneseven/40052013863/i

Si hubiese que poner una metáfora a la anterior imagen...¿Cuál sería?🤔


A propósito del juicio de Sócrates... "Solo sé que no sé nada"...

    En el año 399 a.C., Sócrates, de quien se tiene conocimiento por fuentes escritas por autores como Platón (427-347 a.C.) o Jenofonte, ambos discípulos, fue condenado a pena de muerte (a beber cicuta) en la democracia ateniense. En algunas fuentes, se menciona que las acusaciones se derivaban de que “corrompía a los jóvenes torciendo argumentos” y “que no creía en los dioses de la ciudad”. Se puede leer con más detalle en el reportaje de National Geographic “Cuando Sócrates fue condenado a su muerte” (por el cateddrático de Filología Griega Carlos García) o en el “Juicio y condena a muerte de Sócrates” en La Vanguardia (por Joaquín Callabed, 16/10/24).

    Otras fuentes sin embargo, sugieren que dado que parte de lo que se conoce sobre el juicio en el que fue condenado proviene de escritos de sus discípulos, estos bien pudieron no ser objetivos. También se dice que se ha podido endiosar la figura del filósofo y tergiversar la de la democracia ateniense. Esto último se recoge en el artículo científico En torno al juicio de Sócrates (por Quinteros Barros, 1994). Este autor desgrana las diferentes acusaciones y recoge que la impiedad no estaba considerada como delito en Atenas. También escribe que pudo haber un trasfondo político, en el que el filósofo simpatizara con Critias, uno de los conocidos como “Treinta Tiranos” que previamente habían llevado a cabo un período de dictadura y represión. En este caso, el autor da otro punto de vista más allá del de víctima y héroe. Caben pues diversas interpretaciones y, puesto que el filósofo no dejó nada escrito, lo mejor siempre contrastar información y luego, sacar conclusiones. Aunque siempre nos quedará otra opción prudente: "solo sé que no sé nada"...